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  • Trump: nuevo establishment desde el liberal de 1960

  • Por: Carlos Ramírez/ Indicador Político

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  • NUEVA YORK.- A pesar de todo, el presidente Barack Obama rumbo ya a la salida del poder parece ser el único que entiende la dimensión del desafío que representa Donald Trump, pero hasta para él ya es demasiado tarde. Más que desmantelar el legado liberal de ocho años de Obama, Trump viene por la construcción de un nuevo establishment de poder.

    Demasiado tarde entendió Obama la lógica ideológica de Trump. Después de las elecciones y hasta cerrar el año, Obama buscó fijarle a su sucesor un nuevo piso de compromisos liberales, pero el presidente electo ha aprovechado su estilo atrabancado de hacer política por Twitter y no por los viejos canales de la política para desdeñar los esfuerzos desesperados de Obama.

    En el fondo, los estadounidenses están más preocupados por el terrorismo tolerado por la forma pasiva de entender el radicalismo musulmán por parte de Obama, que por el futuro, por ejemplo, del Obamacare. Al estadounidense medio le ha llegado a tocar más cerca la forma en que Trump está exigiendo que las empresas se queden dentro de EU, que la ideología de la globalización que rompió el papel de estabilización social de empleos remunerados rumbo a jubilaciones.

    El gabinete no ha causado sorpresas, salvo en los medios liberales que combatieron a Trump y que están desgastando sus credibilidades en combatir decisiones ya consolidadas. El desafío que ha planteado Trump al análisis político radica en la falta de temor ciudadano a decisiones de Trump en materia de seguridad nacional y de política exterior. A lo largo de ocho años, Obama declinó el poderío norteamericano en aras de una estabilidad que nunca llegó y que representó a los estadounidenses más acciones de terrorismo dentro del país.

    El liberalismo light del Partido Demócrata sigue pensando que Trump representa al país de las catacumbas, cuando en realidad se trata de un paquete de valores sociales y familiares que el liberalismo destruyó con su política de nuevos derechos sin nuevas obligaciones sociales. La campaña de Hillary Clinton supuso la existencia de una mayoría liberal que no apareció en las estructuras de poder. A los norteamericanos no les preocupó que Hillary ganara el voto popular porque saben que el poder se ejerce desde la mayoría de colegios electorales.

    Obama y Hillary esperaban una insurrección social contra la victoria de Trump, pero la caída del voto demócrata en el Congreso y en las gubernaturas envió al Partido Demócrata a una zona preocupante de crisis. Lo peor que le puede pasar al Partido Demócrata es que carezca de fuerza y legitimidad para contrarrestar o cuando menos balancear el conservadurismo de Trump.

    La estrategia de Trump desde la victoria del 8 de noviembre ha sido la de imponer nuevos liderazgos políticos en la misma estructura de poder que estaba en manos de los demócratas. El gabinete de Trump sigue sin ser entendido en los medios liberales y por eso enfatizan más la formación conservadora que la forma en que estarían representando intereses sociales en estructuras de poder que estaban en manos de liberales desde los años 60.

    En su lucha contra Trump, Obama aparece solo, sin aliados, con una Hillary derrotada y en pasividad rumiando su derrota y culpando a los demás, con congresistas con sus propias agendas. Y lo peor: en espacios demócratas se percibe la decisión de impedir que Obama aparezca como el líder de la oposición que tendrá que pactar con Trump.

    Política para dummies: La política es un juego de poder, no un confesionario para arrepentirse de los pecados.

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