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Otra vez la maldita inseguridad

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Por: Vladimir Galeana/La Coyuntura
12 de Diciembre 2016
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El 11 de diciembre de 2006 el presidente Felipe Calderón Hinojosa decidió iniciar lo que se denominó en su momento como “La guerra contra el narcotráfico”. Al señor Calderón le urgía que los mexicanos entendiéramos quien detentaba el monopolio de la fuerza del Estado mexicano porque enfrentaba severos cuestionamientos de haber llegado a la Presidencia de la República mediante un fraude.

El resultado de esta tan llevada y traída decisión ha sido brutalmente garrafal para la memoria histórica del país. Desde entonces el Ejército mexicano está en las calles, porque el señor Calderón necesitaba mostrar y demostrar que era él quien detentaba el monopolio de la fuerza institucionalizada, sobre todo ante aquel que cuestionaba la legitimidad de su investidura y lo acosaba con el epíteto de “espurio”.

Se ha manejado que en el sexenio “calderonista” se produjeron entre 70 y cien mil muertes producto de la Guerra contra el narcotráfico, pero según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, entre 2007 y 2012, 121 mil 163 personas fueron asesinadas en el país.

Por mucho que se ha intentado justificar la circunstancia, se trata del índice más alto de la historia del país. Aunque se afirme que los muertos durante la etapa de la Revolución Mexicana fueron más de un millón, no pasaron de 127 mil a decir de los expertos.

El problema es que en la primera mitad de la actual administración los homicidios llegaron a 64 mi 614, y para mantenerse por debajo del total acumulado en el mandato de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto tendría que promediar menos de 18 mil 800 asesinatos por año. Al paso que va la delincuencia en todas las latitudes, se avizora que el señor Peña Nieto pudiera alcanzar el nada honroso cargo de ser el Presidente de la República con el mayor récord de muertes violentas en su sexenio.

Llevamos 10 años combatiendo esa maldita inseguridad que cada día destroza más el alma y el espíritu de los mexicanos.

Ya no es un fenómeno focalizado porque se ha extendido a todos los rincones del país en mayor o menor número. Lo peor es que la ineficiencia de las autoridades policiales de los tres órdenes de gobierno indica que los dos restantes años del sexenio se pueden convertir en un infierno, porque a quienes nos gobiernan poco parece importarles nuestro destino.

La verdad es que antes que procurarnos un buen gobierno, a quienes ocupan los principales cargos en este país les ha preocupado más el enriquecimiento. A la maldita corrupción ahora hay que sumarle la maldita inseguridad y la maldita ineficiencia que se presenta en todos los rincones de esta maldecida y atribulada patria. No sé cuánto tiempo nos quede antes de que el encono popular pudiera cometer un disparate electoral. Al tiempo.

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