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Nuestra retrógrada izquierda

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Por: Vladimir Galeana/ La Coyuntura
13 de Diciembre 2016
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Dícese de la calidad de retrógrado o retrógrada, que es una persona u organización partidarios de ideas o instituciones políticas o sociales propias de tiempos pasados. Y eso viene a colación por el problema que tenemos encima al seguir manteniendo dádivas que en nada sirven a quienes mantenemos en condición de pobreza o en pobreza extrema, con la única finalidad de asegurar su voto en los procesos electorales.

Para decirlo de otra forma, el principal motivo de los programas sociales no es paliar el hambre o la pobreza, sino la cooptación de grupos poblacionales con motivos electorales. Así funciona el efecto del afecto monetario con el que se apoyan a los menesterosos, y desde luego que la estrategia es mucho más efectiva que enseñarles el camino de la autosuficiencia, porque ello implica autodeterminación.

El problema para este país es que ante la tremenda aceptación de la mitad de la población que mantenemos en la pobreza desde hace muchas décadas, los programas sociales impulsados por Andrés Manuel López Obrador en el Gobierno de la Ciudad de México, copiando el “New Deal” de Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos, resultaron con una exponencial adhesión popular, lo que obligó a los gobiernos a dedicar gran parte de su presupuesto en dádivas para mantener su caudal electoral.

El gasto social incrementó en todas las latitudes del país, al grado de que casi no existe ahora espacio para la inversión productiva, con lo que entramos en una fase de asistencialismo que ha colocado al país en una encrucijada y a los gobernantes en la tónica de la contratación de deuda futura para paliar necesidades del presente. Ese es el gran problema, porque el adeudo de los gobernantes salientes mantiene empeñado el futuro de los gobernantes entrantes.

Pero a esas izquierdas que pululan por el país, y a esos remedos de gobernantes que ceden a la fácil tentación del regalo por aceptación y popularidad, habrá que decirles que no se puede mantener lo público arruinando lo privado, porque aunque no les guste, es la iniciativa privada y la inversión privada la que genera riqueza, aunque también hay que aceptar que hasta ahora los ricos han demostrado ser el sector menos solidario del país porque para todo quieren exenciones y descuentos impositivos.

Habrá que señalar a esas izquierdas añejas que el Muro de Berlín fue derribado por la obsolescencia de las políticas públicas tras la Cortina de Hierro, y que esa corrupción que ahora las ha invadido son la demostración de su vocación capitalista, lo que habla de esa condición retrógrada de sus políticas públicas y por consecuencia de su obsolescencia ideológica. Claro que México necesita una izquierda, pero moderna, no un remedo de lo que existía antes de la caída del Muro de Berlín, donde los principales líderes gozaban de enormes riquezas frente a un pueblo empobrecido. O cambian o las cambian. Al tiempo.

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