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Militares buenos, policías malos

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Por Antonio Navalón
14 de Diciembre 2016
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Desde Miguel de la Madrid, desde su decisión de acabar con la estructura corrupta de la Policía, México ha ido arrastrando varios problemas ligados a esa situación que terminaron por estallar con toda su virulencia la semana pasada en las palabras del general secretario Salvador Cienfuegos.

Y es que, ya llevamos más de 25 años acumulando las consecuencias de haber sido blandos y de no haber ejercido no sólo la destitución por traicionar el espíritu y el poder que en algún momento la sociedad le otorgó a sus policías, sino porque además no se les dio el seguimiento debido y terminaron por convertirse en un instrumento del crimen.

Durante muchos años hemos tenido que vivir con la broma de que el crimen organizado es el de los cárteles y el crimen desorganizado es el de las distintas áreas del Gobierno.

Es inevitable empezar a preguntar quiénes son los responsables y a dónde fueron todos los miles de millones de pesos que se destinaron para las pruebas de confianza y para esa restitución de la Policía que nunca llegó. Situación que ahora es la causante de que las Fuerzas Armadas estén desarrollando una función que no les corresponde y que tanto ha desacreditado su posición.

Los policías no podrían ser vulnerados si decidiéramos formarlos con más educación y con más protección social, puesto que así no sería tan fácil que cayeran en la tentación de la pequeña corrupción y tampoco se convertirían en carne de cañón para la compra minoritaria, por muy poco dinero, del crimen organizado.

Sin embargo, eso nunca pasó y ahora debemos empezar a sacar la lista de todos los que han tenido la encomienda presidencial de crear verdaderos cuerpos de Policía.

Llevamos más de 25 años esperando a una Policía eficiente que sigue sin llegar y llevamos 10 años en los que hemos tenido que sacar al Ejército a las calles porque sencillamente lo que debía ser la solución se convirtió en el problema.

Ahora el Senado lanzará una iniciativa de Ley de Seguridad Interior a fin de actualizar el marco legal para que se regule la actuación de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad interna. Esperemos que eso no se quede en la pura retórica al igual que la promesa de que el Estado nos proveería las garantías necesarias para mantenernos vivos sobre la base de tener una Policía eficaz.

¿Quién tiene la culpa de todo esto? ¿Quién va a pagar? ¿A quién le podemos empezar a pedir responsabilidades? Porque la Policía mexicana no ha sido capaz de actualizarse y de protegernos, y además después de tantos años sigue siendo parte del problema de nuestra inseguridad. ¿Por dónde empezamos?

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