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  • Por: Antonio Navalon

    Cada vez que en una zona turística –preferencial o marginal, eso no importa– se secuestra a alguien que no es de México y que no tiene que pasar por esa insensible creencia de que ser mexicano significa que te pueden matar y no pasa nada; se organiza un gran escándalo y se atenta contra los intereses nacionales.

    El caso más reciente es el de la española Pilar Garrido, quien el pasado 2 de julio viajaba de regreso a su casa con su esposo y su hijo después de vacacionar en la playa de Soto la Marina, cuando de pronto fueron interceptados por unos hombres armados que los obligaron a frenar, les robaron el auto y a ella la secuestraron.

    El Estado mexicano tiene que saber que después de esas campañas maravillosas que se hacen en este país tan privilegiado que cuenta con características excepcionales en términos de recursos naturales de los cuales depende el trabajo de muchos mexicanos, un hecho como el de la señora Garrido ahora secuestrada y desaparecida en Tamaulipas, aunque sea considerada una zona de alto riesgo, es algo que nos perjudica a todos.

    Los malos y los buenos deberían tener cierta piedad sobre el pueblo de México, porque nosotros vivimos de trabajos que dependen del turismo, vivimos de recursos que nos llegan por medio de las remesas y vivimos por muchos años de lo que la naturaleza nos dio por medio del petróleo, hasta que nos fue robado por nuestros propios compatriotas.

    Por eso no podemos seguir encogiendo los hombros y pensar que sólo es una desaparición más de cualquier persona. Porque lo ideal sería para usted, para mí y para cualquier mexicano que cada que nos desaparezcan y nos liquiden el Estado se movilice de inmediato.

    Pero en el caso de que una extranjera que reside o visita nuestro país sea secuestrada, el Estado debería movilizarse también al cien por ciento sólo por una razón muy sencilla, porque en esa movilización va implícita la imagen y el futuro de todos.

    Tenemos muchos problemas, pero uno de los más importantes es que seguimos pensando que el mundo olvida a la misma velocidad que nosotros lo hacemos, porque eso no es cierto.

    El mundo no olvida y el mundo tiene muy bien registrado que somos un país donde es posible desaparecernos y matarnos simplemente por regresar a casa después de tener un fin de semana de descanso con nuestro marido y nuestro hijo.

    Y en ese sentido, lo que es importante entender es que la desaparición de esta española no es una más, es el punto sin retorno de un país que parece acosado, pero sobre todo gobernado por la violencia.

    @antonio_navalon

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