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Lo que la historia se llevó

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Por: Antonio Navalón
02 de Diciembre 2016
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Los viernes para mí son días que invitan a la reflexión. Y además este viernes nos recuerda que hace ya una semana Fidel Castro nos dijo adiós.

Castro con 90 años murió como los buenos dictadores, en su cama, rodeado de los suyos y con el aprecio por lo menos de los más cercanos.

Castro es un ejemplo de lo que en la vida y en política es necesario saber y saberlo a tiempo. Porque, ¿hasta cuándo uno deja de ser bueno en lo que hace? Sin duda hubo dos Castros, el revolucionario que llegó al poder como consecuencia de un enfrentamiento armado con el gobierno de Fulgencio Batista, y que devolvió la dignidad de los latinoamericanos frente a EU.

Y el que después llegó a un punto en el que la crueldad, el pensamiento único o tal vez la incapacidad para cambiar, terminó por convertirse en una desventaja y en un elemento represor de su pueblo.

Y es que, pasó mucho tiempo y el discurso del vaso de leche, la educación de los niños y la comparación con el gobierno que había derrocado, dejó de tener sentido. Castro no supo evolucionar, aunque después del 9/11 resultó ser el principal beneficiario de los cambios en América Latina, primero porque se mantuvo y después porque siempre fue una alternativa que encarnaba la dignidad frente a la hegemonía norteamericana.

De Fidel Castro se ha dicho casi todo, sin embargo, quiero recuperar el ejemplo que nos dejó para recordar que lo más importante es asumir hasta dónde realmente somos capaces de llegar.

Y en ese sentido, me asombra la negación ante la realidad que tienen los partidos políticos mexicanos. Ya que no sólo estamos ante un cambio que va desplazando a las viejas estructuras políticas, sino que ahora los políticos profesionales se parecen a Castro, puesto que no quieren darse cuenta de que su época ya pasó.

Esta situación nos lleva a una lección clara: o conforman un ejército y una dictadura bien establecida como lo hizo Castro, o sencillamente la historia los barrerá de la noche a la mañana.

Han pasando los meses y seguimos comportándonos como si este 2016 no nos hubiera dejado lección alguna y como si en México el cambio sólo viniera marcado por una alternancia entre el PRI y el PAN, para la próxima carrera rumbo a Los Pinos, o por la posible llegada de López Obrador al poder.

Pero ahora hay algo innegable, porque nuestras estructuras políticas no nos están representando adecuadamente y tal como van las cosas nos representarán peor en las batallas electorales que vienen para 2017. Por lo tanto, ¿qué necesitan para darse cuenta de que deben reaccionar o de lo contrario la historia lo hará y terminará por arrastrarlos?

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