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  • El gran legado histórico de Obama fue… Donald Trump

  • Por: Carlos Ramírez /Indicador Político

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  • NEW YORK. – En descargo a sus resultados de ocho años de gobierno, Barack Obama tenía claro el mandato histórico de su presidencia en función del color de su piel, del progresismo social de su pensamiento, de su política de nuevos derechos, del mensaje de esperanza y del final del papel imperial de EU. Sólo que ya en el poder no pudo-no quiso encabezar la transición imperial que debió de haber seguido a la desaparición de la Unión Soviética.

    El problema de Obama no fue haber llegado procedente de los linderos del sistema político estadounidense –pero del lado de dentro–, sino tener clara la urgencia de transitar el imperio a su viejo papel estabilizador del orden mundial sin tentaciones imperiales. Sin embargo, ya instalado en la Casa Blanca, Obama quedó atrapado en el apparatchik de la red de intereses de los lobbies de los intereses del poder. Así, Obama no se diferenció de Nixon, de Reagan, de Clinton o de Bush Jr.

    La transición ordenada que debió de haber operado en ocho años, ahora Obama la está empujando por la vía de la destrucción de los protocolos del poder para ensuciar el arranque de la presidencia republicana de Donald Trump. Si Obama piensa dejarle una presidencia atada a Trump, estará equivocándose porque ni Obama, ni la clase política, ni los demócratas se han percatado que Trump es un duro antiestablishment porque considera que esos viejos compromisos destruyeron la capacidad empresarial del capitalismo.

    De manera tardía, Obama ha descubierto al espionaje ruso de Putin en EU, pero luego de que él mismo le había cedido el escenario internacional y nacional al dirigente ruso. El hackeo ruso se sabía desde hace años, pero ahora Obama lo quiere transformar en pánico porque dice que benefició a Trump en las elecciones. Lo grave del asunto es que Obama –profesor de derecho constitucional en Harvard– avaló una vasta operación de espionaje interno violando todas las leyes y derechos y aun así Putin, dice, se metió en el sistema electoral.

    La última acción desesperada de Obama, luego de su fracaso con Hillary Clinton, ha sido la de lanzar a su esposa Michelle como la gran crítica de Trump como una forma de posesionarla como precandidata demócrata a la presidencia en 2020, pero sin entender que los electores estadounidenses no piensan en términos de género sino de propuestas de gobierno. Sin el aura de la Casa Blanca, Michelle Obama regresó a su oscuridad mediática.

    El fracaso de Obama como el supuesto gran reformador del imperio –que él mismo relanzó en su discurso de campaña en Berlín y su conferencia en la Universidad de El Cairo– se percibe en el agotamiento de los tres principios rectores del modelo estadounidense: la hegemonía mundial perdida ante Irán, China, Corea del Norte y sobre todo Rusia, la codicia económica que no supo transformarla en bienestar repartido y el sistema de retiro que ya no le garantiza a los estadounidenses una vejez tranquila.

    Sin poder reconstruir el viejo poder imperial, deshecho el poder nacional por la polarización social y sin un sistema económico viable que garantice el american way of life –o modo de vida estadounidense–, Obama no pudo aportarle votos a Hillary a pesar de asumir de manera desesperada la coordinación de la candidatura hacia octubre y el ultraderechista Trump aplastó su sueño – delirio– de esperanza.

    Política para dummies: La política, al pasar el tiempo, siempre es la misma.

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