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  • El “aventurerismo” político

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  • Antonio Navalon

    Lo que está haciendo Trump con los dreamers pone de manifiesto lo que significa no creer en nada, que no te importe nada y en el fondo no asumir ni la historia que te puso donde estás, ni lo que le pasará a los que seguirán, es decir, a los hijos de nuestros hijos.

    Frente a la esperanza, a la necesidad de unir, cuando queda claro que el problema es que son una sociedad que ha perdido el norte, en muchos sentidos, y que sólo las aportaciones de afuera y de adentro pueden corregir los excesos; Trump desenfundó la pistola y dijo: si quieren salvar el sueño de los dreamers, entonces denme mi muro.

    Cuando la historia relate estos años, cuando se pregunte dónde estaban los Kelly, los McMaster, cuando se cuestione por qué Paul Ryan tardó tanto tiempo en reaccionar, por qué pese a que se ve que van hacia la catástrofe, su partido, el Republicano, no hace nada para impedir semejante antología de desafueros.

    Y es que, al final del día los seres humanos somos muy débiles, sobre todo frente al poder, aunque sea un poder insensato y perdido como el que en este momento nos ocupa.

    Los dreamers no van a regresar, porque es imposible volver a descolocar a Estados Unidos en un punto que marque un retroceso en su historia.

    Es más, nada va a cambiar. Porque los latinos siempre hemos tenido la sospecha de que los gringos no nos quieren. Siempre entendimos que la declaración del presidente Monroe, “América para los americanos”, en realidad significaba trasladar a las costas de la otra América la misma versión esclavista de África que los nutrió de sus esclavos liberados después por Abraham Lincoln.

    Sin embargo, nunca nadie había expresado de manera tan clara y sin complejos que a ellos no les gustan los latinos. Y para ver exactamente lo que eso quiere decir, observemos Puerto Rico, son estadounidenses, hablan su idioma, aunque no tienen derecho a voto en EU y tienen un tratamiento fiscal diferente.

    Pero lo que no debemos olvidar es que, en 1898 con el Tratado de París, tanto Puerto Rico, como Cuba y Filipinas, eran parte de la definición fundamental de Estados Unidos.

    La trama de West Side Story no es un accidente, es la crónica del impulso de una parte de la sociedad que habla español y que viene de una isla llamada Puerto Rico, que es la que tiene frente a nosotros los mexicanos, las mayores representaciones en los órganos de Gobierno o del Congreso estatal de Nueva York.

    Aunque Trump tiene una ventaja, no miente, no considera que sea necesario mentir y nos trata a todos como si fuéramos mujeres que puede tomar y hacer suyas –así como él mismo lo declaró–, o simplemente gente de segundo orden.

    @antonio_navalon

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