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  • Circo, maroma y teatro

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  • Por: Vladimir Galeana

    Seguramente la ambición más grande de Javier Duarte de Ochoa era convertirse en un personaje conocido y reconocido, porque siempre caminó hacia allá. También seguramente alguien le dijo que el mejor espacio para lograrlo era el ejercicio político y por ahí enfiló sus pasos. Uno de sus mejores impulsores fue Fidel Herrera Beltrán, quien le tomó un considerable aprecio, al grado de buscar un consultor que le ayudara a perfeccionar sus mapas mentales y obtener una mejor preparación.

    Claro está que con un maestro como el señor Herrera Beltrán, con tantos años en la política y el costal de mañas que siempre trajo bajo el brazo, el señor Duarte aprendió bien y bastante. Muchos afirman que seguramente fue ahí donde comenzó con la especialización de las “mañas” que después lo caracterizarían durante su mandato como gobernador.

    Porque hay que señalar que el señor Duarte siempre supo que sería gobernador de Veracruz, y lo supo en cuanto comenzaron las complicidades con don Fidel.

    Y pareciera que dichas complicidades también fueron ampliadas con sus correligionarios, porque cínicamente lo están ayudando para que sea menos amarga su estancia tras las rejas. Es más, los mensajes de esperanza se hacen sentir desde el momento en que las acusaciones tienen un raro tufo de “endebles” y otras con un evidente espacio para la presunta anulación, pese a que el auditor superior de la Federación señaló en su momento, que el monto sustraído asciende a treinta y cinco mil millones de pesos.

    El señor Duarte fue llevado al Reclusorio Norte en medio de un fuerte dispositivo de seguridad, y cuando el juez de la causa señaló que la acusación versaba por la disposición indebida de 38.5 millones de pesos, los mexicanos comenzaron a visualizar que las complicidades podrían otorgar en el corto plazo la libertad al señor Duarte.

    ¿Para qué tanta alharaca? Desconozco si el propósito del esquema gubernamental sea que el señor Duarte recupere su libertad, pero están haciendo todo por que así sea.

    La pregunta que muchos nos hacemos es: ¿dónde están las acusaciones? Porque pareciera que ahora el señor Duarte es un pobre funcionario al que hemos propiciado un brutal daño por las acusaciones que le hicimos, y quizá hasta tengamos que ofrecerle una disculpa. Estamos frente a una circunstancia inédita propiciada por la generación de políticos más voraces de la historia reciente, y quienes han utilizado para desviar la atención, el camino del circo, la maroma y el teatro.

    Sin lugar a dudas es una de las generaciones más voraces de la historia del país y solamente comparados con la etapa protagonizada por Antonio López de Santa Anna, pero también con la generación más impune porque han construido los mecanismos para hurtar sin perder la libertad. México es más grande que todos los políticos, pero los mexicanos somos los que tenemos la obligación de exigir el cambio de leyes para evitar la impunidad. La finalidad es que quien la haga la pague. Al tiempo.

    Vladimir.galeana@gmail.com

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