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  • Redacción

    Existen en México alrededor de 37 mil niños con el espectro autista; sin embargo, en Veracruz no hay una estadística formal, pero se considera que por ser el tercer estado más grande de la República Mexicana, existen entre 18 y 20 mil casos.

    Es por ello que todas las instituciones que tratan este padecimiento en la entidad tienen una alta recepción de pacientes, como es el caso del Centro Estatal para la Detección y Atención del Autismo (CEDAA) del DIF estatal, que actualmente tiene una cobertura de atención que sobrepasa las 220 familias.

    Desde el 2011, dicha institución evalúa y diagnostica según la situación de cada paciente, además de que trabaja con los familiares, los capacita y los prepara para entender el padecimiento de su hijo y de esta manera prepararlos para su entorno.

    Pero, ¿qué es el autismo? Es un trastorno neurobiológico que afecta principalmente las áreas de socialización, comunicación y lenguaje, principalmente en niños, y al relacionarse con el comportamiento afectivo, su detección se torna difícil. El paciente que lo presenta, generalmente incide en problemas de integración sensorial.

    Algunos de los estímulos (sonidos, imágenes, sabores) que los pacientes con autismo reciben del exterior son procesados de manera diferente por sus sentidos, lo que puede provocar en ellos algunos problemas como irritación temperamental y alta sensibilidad a determinados ruidos, que para la mayoría pueden ser indiferentes.

    “Los niños con el trastorno se apegan a las rutinas, a cosas conocidas, y cuando hay un cambio, no saben cómo manejarlo y pueden presentar ansiedad, crisis de llanto, los famosos berrinches que la gente a veces menciona, pero que son producto de acciones que desconocen y no saben qué hacer con ellas”, explicó la directora del CEDAA, Rosa Virginia Martínez Conde.

    Hasta el día de hoy, el Centro ha atendido a 320 familias, a las cuales ofrece atención psicoterapeuta, de comunicación y lenguaje, médico-nutricional, psicoeducativa, sensorial-motriz, de trabajo corporal, musicoterapia y artes plásticas, a través de un grupo de apoyo terapéutico también para hermanos y padres.

    El personal médico de la institución se integra de terapeutas, psicólogos, médicos homeópatas, nutriólogos, terapeutas de lenguaje, biomédicos y músicos; en total, 14 especialistas y dos terapeutas, todos albergados en el Centro de Rehabilitación e Inclusión Social de Veracruz (CREEVER) del DIF estatal.

    El respaldo de los padres en casa es crucial para la mejoría del paciente, por lo que una de las características del protocolo de atención del CEDAA es trabajar con ellos; los especialistas se enfocan en los padres para capacitarlos con la preparación de estrategias psicológicas y emocionales, que les permitan tener una relación más cercana con sus hijos, mediante dos programas intensivos para el reforzamiento del proceso.

    Asimismo, el Centro ha abierto sus puertas para que grupos de docentes observen el trabajo que se hace ahí con los niños; se han dado seminarios específicamente para ellos, capacitándolos en el enfoque de trabajo y cómo se puede adaptar en las escuelas, ya que una de las principales dificultades que tienen los papás es que acepten a sus hijos en los planteles educativos.

    “Trabajamos con el enfoque relacional, en convertir a la familia en el principal agente de cambio. Los papás se tienen que volver expertos en el apoyo adecuado a sus hijos sin ser maestros ni terapeutas, simplemente como guías, para que puedan orientar a sus hijos y relacionarse de la mejor manera con ellos”, detalló Martínez Conde.

    Tal vez es sólo un niño el que padece autismo, pero eso significa que toda la familia lleva el autismo de éste, como es el caso de Liliana López Armas, quien cada semana asiste al CEDAA acompañando a su hijo Iván Alberto.

    Desde que Iván era muy pequeño, su mamá notó su falta de lenguaje y que no prestaba mucha atención a las personas; al cumplir los dos años de edad, el pequeño seguía sin hablar y fue ese el momento de comenzar con la búsqueda.

    “Empezamos a buscar y preguntar a neurólogos y pediatras y no nos daban un diagnóstico, nos decían que Iván era muy pequeño y que teníamos que esperar. Llegó el día en que tenía que entrar a la escuela y su condición era la misma o incluso peor; las características fueron cada vez más claras, se golpeaba, no hablaba, no expresaba ninguna emoción, así nos dimos cuenta que él tenía autismo”, relató la madre.

    Iván hoy tiene 10 años y desde hace dos asiste al CEDAA una vez a la semana, acompañado por su mamá; ya se puede ver cómo está adaptado a su entorno, integrado a él.

    “Nosotros venimos una vez a la semana, trabajamos diferentes cosas cada día que venimos, tiene terapias con el psicólogo, con el maestro de comunicación y lenguaje, psicoeducativo, sensorial motriz; le encanta el son jarocho que aquí escucha y la expresión corporal… trabajamos muchas cosas y él disfruta venir”.

    Liliana dice que Iván tiene mucha disposición a seguir aprendiendo; se adaptó a las voces y a los ruidos, está más organizado en las actividades escolares y en la manera en que las otras personas trabajan con él.

    “Me acompaña a todos lados, me ayuda a cocinar, a hacer las compras… en la tarde se va a la escuela y yo me quedo como monitor, estamos juntos prácticamente todo el día; él participa mucho con sus primos, con su hermana de 11 años y con los amigos de ella. Es sorprendente ver como sonríe, como juega con ellos, a él le gustan mucho las pelotas, correr, que lo sigan, y la música… le encanta bailar”, concluyó.

    Así como el CEDAA, en Veracruz existen otras instituciones que atienden a niños autistas, como el Centro de Rehabilitación Integral de Veracruz (CRIVER), el Hospital de Salud Mental de Orizaba, los Centros de Atención Múltiple (CAM) y varias Asociaciones civiles, todas con un gran compromiso por apoyar a la población.

     

     

     

     

     

    DAF

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